México ha construido una sólida capacidad manufacturera, pero ensamblar productos no equivale a desarrollar tecnología propia. Esta es la reflexión central de Adal Ortiz Ávalos en su columna “La nueva maquila”, publicada el 24 de septiembre de 2026 en El Financiero.
El autor reconoce los empleos y la experiencia que la manufactura ha generado en el país. Al mismo tiempo, advierte que las industrias de semiconductores, centros de datos e inteligencia artificial plantean una pregunta distinta: cuánto valor puede diseñarse, financiarse y conservarse en México, además de producirse aquí.
Ortiz Ávalos menciona al Plan México y al proyecto Kutsari como pasos hacia el diseño nacional de circuitos integrados. Señala que los centros de investigación necesitan conexiones con patentes, proveedores, inversión y clientes para que sus ideas lleguen al mercado.
Para la Ciudad de México, la columna destaca la concentración de universidades, talento, empresas e inversionistas. Según el autor, ese potencial requiere una política que acerque los laboratorios a las empresas y ayude a convertir el conocimiento en proyectos y compañías capaces de crecer.
Su conclusión invita a medir el avance por las tecnologías que llegan al mercado y por el valor que permanece en el país. El siguiente desafío es participar en el diseño de la innovación, no solo en el ensamblaje de sus componentes.
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