Cuidar el talento implica reconocer a cada persona y asumir la responsabilidad de acompañar su desarrollo. Esta es una de las ideas centrales que Adal Ortiz Ávalos comparte en su columna “Talentos”, publicada el 10 de septiembre de 2026 en El Financiero.
A partir de la parábola bíblica de los talentos, el autor reflexiona sobre el valor de aquello que se nos confía. Su lectura pone especial atención en las personas que forman parte de nuestra vida y en las oportunidades que tenemos para contribuir a su crecimiento.
En el ámbito empresarial, esta reflexión invita a mirar más allá de los resultados económicos. El trato a los colaboradores, el ejercicio justo de la autoridad y la disposición para compartir conocimientos también forman parte de la responsabilidad de quienes dirigen una organización.
Ortiz Ávalos plantea que desarrollar nuestras capacidades tiene efectos en el trabajo y en nuestras relaciones. Actuar con integridad permite que ese crecimiento contribuya al bienestar de otros y fortalezca la confianza.
La columna cierra con una invitación a hacer el bien de manera constante y a reconocer el potencial que cada persona puede aportar.
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